
México es un país que ha sufrido cambios acelerados en los últimos años, no solamente en cuestiones de economía o política, sino también en las costumbres y las formas de vida de su gente. Las maneras de actuar y pensar de las personas definitivamente ya no son las mismas, el cambio es tan notorio que incluso ha logrado trastocar a los niños, a los juegos de la infancia. Para quienes hemos sido parte de ese cambio, recordar lo que vivimos en antaño siempre nos resulta agradable y en ocasiones llega a divertirnos.
Si recordar es volver a vivir, como se dice, es muy probable que José Emilio Pacheco, poeta, escritor, traductor y ensayista, nacido en el estado de México en 1939 y autor de “Las batallas en el desierto” haya vuelto a vivir mientras avanzaba en la escritura de este libro. Para muchos de los que hemos leído esta obra, la realidad que se presenta no nos es totalmente ajena y por el contrario hallamos en nuestra infancia matices de ese ayer que llegó a través de los padres o los abuelos.
“Las batallas en el desierto” es el retrato de una época de México y del D. F., hecho con palabras, no se dice con exactitud el año sin embargo por la descripción de la cotidianeidad los lectores pueden situar la narración en un rango de tiempo muy estrecho: “…fotos ubicuas, alegorías del progreso de Miguel Alemán como Dios padre, caricaturas laudatorias, monumentos.” (p. 10). Durante el régimen del presidente Miguel Alemán Valdés.
La novela es narrada por Carlos, el adulto que cuenta una historia de su infancia. Carlitos era un niño que nació en una familia acomodada de Jalisco y que por motivos económicos se vio obligada a trasladarse al Distrito Federal, y que conforme pasaba el tiempo iba perdiendo estatus social, con un padre trabajador y una madre que se resistía a perder su antiguo nivel de vida.
En la escuela, con los amigos y en las calles, Carlitos notaba como día a día el mundo cambiaba, surgían nuevas palabras y productos que llegaban del país vecino. Y la guerra entre árabes y judíos permeaban la enemistad hasta la infancia mexicana que reñía por su ascendencia, se colaba entre los juegos de niños que en un patio de arena imitaban aquellas batallas en el desierto.
Entre los amigos de Carlitos se encontraba Jim, quien era hijo de un político y una joven y atractiva mujer. Muchos rumores corrían entre los pasillos de la escuela sobre su origen, pero Carlitos prefirió no juzgarlo. Ambos llegaron a ser buenos amigos y un día el protagonista de la historia asistió a la casa de Jim, conoció a su madre y súbitamente quedó enamorado. Trató de ocultar el sentimiento pero la necesidad de verla fue más fuerte que él. A escondidas y sin que Jim estuviera fue a declararle su amor. Ella lo escuchó comprensivamente y lo invitó a olvidarse de ella.
Todas las personas que lo conocían se enteraron juzgando severamente a Carlitos, sobre todo sus padres que lo alejaron de la escuela, lo sometieron a castigos y revisiones psicológicas. El niño no podía explicarse por qué las personas a su alrededor juzgaban tan malo su amor, después de todo no iba a trascender. El tiempo pasó, la situación económica de la familia fue en notable mejoría, pero encontró a un antiguo compañero de escuela quien le reveló un triste secreto ocurrido con su amigo Jim, pero sobre todo con Mariana. Carlitos no podía creerlo y corrió hasta el edificio donde vivían para asegurarse, nada logró, nadie pudo informarle y se lamentó porque viviría con esa duda.
Sobre el libro
El lenguaje de este breve relato le da agilidad y hace de fácil comprensión la lectura. La narración se presenta salpicada de datos históricos, como la guerra cristera, los campos de concentración para japoneses, la guerra entre árabes y judíos, una crisis económica y la llegada de la cultura estadounidense a nuestro país a través de frases y productos. Aborda política con la mención de presidentes y sus formas de darse a conocer, así como de algunas posturas ideológicas que se conocen mediante los diálogos de los personajes; pero sobre todo, está llena de situaciones cotidianas pertenecientes a una época: la convivencia de niños con diferentes nacionalidades en las escuelas y el trato que se les daba, de la música, los juegos y los programas de t.v. habituales, de las enfermedades, de problemas con los servicios públicos y de los valores y formas de vida de las familias.
Es una historia que bien pudo ser verdad entonces y bien podría ser verdad ahora, claro que ya inmersa en una cultura distinta. Hay aspectos que no cambian, los niños y adolescentes siguen teniendo amores platónicos (aunque la gente ya no se escandaliza tanto ante ello) y algunos llegan a convertirse en realidad. La sociedad que nos rodea sigue criticando y haciendo chismes de cuanto le es posible. Hay intemporalidad en ciertas costumbres.
Del texto queda en mi mente el dibujo de las primeras páginas en las que casi es posible recrear en la imaginación aquella ciudad, sus escuelas, sus parques y la gente en todo ello: “Cuánto tardaste. Mamá, le dije que iba a merendar a casa de Jim. Sí pero nadie te dio permiso para volver a estas horas: son ocho y media. Estaba preocupadísima: pensé que te mataron o te secuestró el Hombre del Costal.” (p. 32). De lo que aún permanece y lo que nunca volverá.
Lo único que lamento es que el castigo que Carlitos pagara por confesar su amor fuera tan alto que cambiara su vida habitual, lo aislara de ese mundo al que ya pertenecía y fuera tachado de inmoral. Como lector hubiera preferido seguir el relato de sus pequeñas aventuras: “Soy de Irgún. Te mato: Soy de la Legión Árabe. Comenzaban las batallas en el desierto. Le decíamos así porque era un patio de tierra colorada, polvo de tezontle o ladrillo, sin árboles ni plantas, sólo una caja de cemento al fondo.” (p. 15).
Las batallas en el desierto es una novela corta que puede ser leída por adolescentes y adultos debido a que ambos encontrarán un interés, los adolescentes el amor y los adultos el recuerdo: “Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél?.” (p. 9).
PACHECO, José Emilio. “Las batallas en el desierto”. Editorial Era. México, (1981).
Si recordar es volver a vivir, como se dice, es muy probable que José Emilio Pacheco, poeta, escritor, traductor y ensayista, nacido en el estado de México en 1939 y autor de “Las batallas en el desierto” haya vuelto a vivir mientras avanzaba en la escritura de este libro. Para muchos de los que hemos leído esta obra, la realidad que se presenta no nos es totalmente ajena y por el contrario hallamos en nuestra infancia matices de ese ayer que llegó a través de los padres o los abuelos.
“Las batallas en el desierto” es el retrato de una época de México y del D. F., hecho con palabras, no se dice con exactitud el año sin embargo por la descripción de la cotidianeidad los lectores pueden situar la narración en un rango de tiempo muy estrecho: “…fotos ubicuas, alegorías del progreso de Miguel Alemán como Dios padre, caricaturas laudatorias, monumentos.” (p. 10). Durante el régimen del presidente Miguel Alemán Valdés.
La novela es narrada por Carlos, el adulto que cuenta una historia de su infancia. Carlitos era un niño que nació en una familia acomodada de Jalisco y que por motivos económicos se vio obligada a trasladarse al Distrito Federal, y que conforme pasaba el tiempo iba perdiendo estatus social, con un padre trabajador y una madre que se resistía a perder su antiguo nivel de vida.
En la escuela, con los amigos y en las calles, Carlitos notaba como día a día el mundo cambiaba, surgían nuevas palabras y productos que llegaban del país vecino. Y la guerra entre árabes y judíos permeaban la enemistad hasta la infancia mexicana que reñía por su ascendencia, se colaba entre los juegos de niños que en un patio de arena imitaban aquellas batallas en el desierto.
Entre los amigos de Carlitos se encontraba Jim, quien era hijo de un político y una joven y atractiva mujer. Muchos rumores corrían entre los pasillos de la escuela sobre su origen, pero Carlitos prefirió no juzgarlo. Ambos llegaron a ser buenos amigos y un día el protagonista de la historia asistió a la casa de Jim, conoció a su madre y súbitamente quedó enamorado. Trató de ocultar el sentimiento pero la necesidad de verla fue más fuerte que él. A escondidas y sin que Jim estuviera fue a declararle su amor. Ella lo escuchó comprensivamente y lo invitó a olvidarse de ella.
Todas las personas que lo conocían se enteraron juzgando severamente a Carlitos, sobre todo sus padres que lo alejaron de la escuela, lo sometieron a castigos y revisiones psicológicas. El niño no podía explicarse por qué las personas a su alrededor juzgaban tan malo su amor, después de todo no iba a trascender. El tiempo pasó, la situación económica de la familia fue en notable mejoría, pero encontró a un antiguo compañero de escuela quien le reveló un triste secreto ocurrido con su amigo Jim, pero sobre todo con Mariana. Carlitos no podía creerlo y corrió hasta el edificio donde vivían para asegurarse, nada logró, nadie pudo informarle y se lamentó porque viviría con esa duda.
Sobre el libro
El lenguaje de este breve relato le da agilidad y hace de fácil comprensión la lectura. La narración se presenta salpicada de datos históricos, como la guerra cristera, los campos de concentración para japoneses, la guerra entre árabes y judíos, una crisis económica y la llegada de la cultura estadounidense a nuestro país a través de frases y productos. Aborda política con la mención de presidentes y sus formas de darse a conocer, así como de algunas posturas ideológicas que se conocen mediante los diálogos de los personajes; pero sobre todo, está llena de situaciones cotidianas pertenecientes a una época: la convivencia de niños con diferentes nacionalidades en las escuelas y el trato que se les daba, de la música, los juegos y los programas de t.v. habituales, de las enfermedades, de problemas con los servicios públicos y de los valores y formas de vida de las familias.
Es una historia que bien pudo ser verdad entonces y bien podría ser verdad ahora, claro que ya inmersa en una cultura distinta. Hay aspectos que no cambian, los niños y adolescentes siguen teniendo amores platónicos (aunque la gente ya no se escandaliza tanto ante ello) y algunos llegan a convertirse en realidad. La sociedad que nos rodea sigue criticando y haciendo chismes de cuanto le es posible. Hay intemporalidad en ciertas costumbres.
Del texto queda en mi mente el dibujo de las primeras páginas en las que casi es posible recrear en la imaginación aquella ciudad, sus escuelas, sus parques y la gente en todo ello: “Cuánto tardaste. Mamá, le dije que iba a merendar a casa de Jim. Sí pero nadie te dio permiso para volver a estas horas: son ocho y media. Estaba preocupadísima: pensé que te mataron o te secuestró el Hombre del Costal.” (p. 32). De lo que aún permanece y lo que nunca volverá.
Lo único que lamento es que el castigo que Carlitos pagara por confesar su amor fuera tan alto que cambiara su vida habitual, lo aislara de ese mundo al que ya pertenecía y fuera tachado de inmoral. Como lector hubiera preferido seguir el relato de sus pequeñas aventuras: “Soy de Irgún. Te mato: Soy de la Legión Árabe. Comenzaban las batallas en el desierto. Le decíamos así porque era un patio de tierra colorada, polvo de tezontle o ladrillo, sin árboles ni plantas, sólo una caja de cemento al fondo.” (p. 15).
Las batallas en el desierto es una novela corta que puede ser leída por adolescentes y adultos debido a que ambos encontrarán un interés, los adolescentes el amor y los adultos el recuerdo: “Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél?.” (p. 9).
PACHECO, José Emilio. “Las batallas en el desierto”. Editorial Era. México, (1981).