lunes, 29 de diciembre de 2008

Aprendiendo de poesía

Una de estas semanas realicé la lectura del libro “Cómo leer y escribir poesía” de Hugo Hiriart, cuyo propósito es utilizar los textos poéticos como pretexto para aprender cuestiones relacionadas con la gramática y las reglas que rigen la escritura de la poesía.
Sin duda alguna la lírica es un tema un tanto complicado de tratar, los estudiantes hemos sido poco enfrentados a ella y hasta aprendimos a verla como algo casi solemne. Apenas ahora comienzo a modificar los paradigmas que me hacían verla como una de las formas más altas de expresión y de aún mayor difícil comprensión. No es que no tenga su porción de magia y dificultad, pero en definitiva hay muchas cosas que debemos cambiar con respecto a ello y ese es el punto de partida de este texto.
El autor pretende reformar la manera de enseñar el español, dejando de lado la poca significativa memorización de reglas gramaticales y dando paso al acercamiento directo con la poesía. Precisamente con ella porque también hay que romper el mito, es muy linda, pero nunca se encuentra tan lejos de nosotros. Los poetas son personas como lo somos cualquiera, que comenzaron practicando y fueron avanzando hasta llegar a expresar lo que deseaban: es el comienzo humilde de este interesante género.
Muestra el arte que podemos encontrar en las palabras, no en lo que dicen (que no puede desdeñarse tampoco) sino en su forma, en su acomodo. No sé si a todos haya pasado, pero me he sorprendido mirando fijamente los trazos de las letras y he concluido que hay palabras que me gustan, no la imagen mental que recrean, sino el contorno, su figura. En ocasiones pasa lo mismo con el sonido que emitimos al pronunciarlas, resulta agradable independientemente de lo que evocan. De esto se vale la poesía, lo que es interesante pues no recuerdo haber escuchado a ningún docente ni incluso ningún poeta que lo diga, tal vez lo consideran obvio y en el peor de los casos no lo saben.
El encanto de las palabras consiste en que se pueden hacer y decir muchas cosas con ellas y así nos lo muestra Hiriart cuando realiza comparaciones principalmente entre los usos de su significado en inglés y en español, de forma muy básica.
Después se pueden encontrar algunos capítulos en los cuales se vuelve un tanto tediosa la lectura, pues hace todo un despliegue de palabras agregando su procedencia: griegas, latinas, etc. A decir verdad no es muy sencillo encontrarle el propósito a estas páginas, ni siquiera ayudan a quienes desean aprender español, porque son palabras no muy básicas que tendrán suerte los lectores americanos si algún día las emplean. También hay algunas secciones dedicadas a dar conceptos de gramática que, por ser tan elementales y escuetos también pierden objetivo, pero se rescatan unas cuantas líneas que al menos te hacen reflexionar sobre el uso de palabras como “ser” y “estar”. Lo mejor viene después cuando empieza a enfocarse de nuevo en los versos.
Una de las aportaciones más importantes de este libro se da cuando hace referencia a una estrategia que podemos emplear con los estudiantes y con nosotros mismos para empezar a escribir algunos poemas, en el cual se van escribiendo palabras al azar lo más ajenas posible, para después encontrar la forma de relacionarlas. Así se forman los artefactos verbales que he encontrado en tantos poemas y que jamás comprendí. En estos casos se aprecia la imaginación que emplean los escritores para unir conceptos tan diferentes, el resultado de ese esfuerzo es el que debe valorarse en la poesía.
Después de todo, como dice Hiriart; “para disfrutar un verso no tienes que entenderlo, porque disfrutar en poesía es ya entender”. En ello estriba el error que tenemos quienes nos hemos topado con versos inverosímiles y nos consideramos incapaces para interpretarlos. Es esto lo que no se dice, pero que afortunadamente sí se lee de la poesía.
Brinda un divertido camino por la medida de los versos desde los bisílabos hasta los romances y sonetos. Y digo que es divertido porque hay una buena selección de poemas por ser sencillos, es como si hubiera elegido las curiosidades de cada medida, uno a uno tienen particularidades que los hace llamar la atención. Se puede encontrar hasta una sección dedicada al corrido mexicano que es tan popular y que puede ser un entretenido pretexto de trabajo en el aula, al menos habría más resultados en las investigaciones que pidamos del tema.
También se leen algunas recomendaciones sobre cómo redactar una haikú y un método infalible para escribir poesía. En mi opinión ambas son bastante viables para trabajar en las aulas incluso con niños más pequeños, para irlos iniciando en el arte de la poesía.

La utilidad del texto

La información que contiene el libro es bastante concreta por lo que es útil para los docentes como una manera de recordar algo que ya sabemos, como por ejemplo, información sobre los viejos y nuevos romances o algo así. Creo que es una fuente de información complementaria a la práctica porque lo elemental que se trabaja en las aulas se puede encontrar en el mismo texto: la teoría, bastante sencilla y poemas que sirven de ejemplos.
La forma en la que este libro está organizado permite que no sea solamente un libro para docentes, sino que se pueda trabajar con los estudiantes, hay secciones muy buenas que pueden ser facilitadas a los estudiantes debido a que el lenguaje que emplea el autor es bastante sencillo y con ello se puede complementar o ejemplificar lo que se trabaja en las aulas.
Es interesante la selección de poemas que proporciona porque no son los típicos que se muestran en cada medida silábica y con ello se puede presentar una variedad más cercana a los gustos de los adolescentes. Sirve a su vez para promover la investigación y la lectura, puesto que son fragmentos que, de agradar a los jóvenes, pueden motivarlos a buscar y conseguirlos. Hay algunos otros escritos de los cuales se menciona en repetidas ocasiones el título generando con ello curiosidad.
Pero lo que me parece más valioso es la explicación e invitación que hace para escribir poemas, guiando el proceso. Como maestros a veces no sabemos por dónde empezar precisamente porque no es un tema (la poesía) que dominamos y a veces utilizamos las estrategias más tediosas y difíciles que se nos ocurre implementar, creando con ello una aversión a la poesía y a la escritura en general. En cambio las sugerencias planteadas siguen un proceso que no exige mucha formalidad y sí mucha ocurrencia que puede derivar en productos graciosos que motiven a los estudiantes a seguirlo practicando, como un juego.
Lo que particularmente me gustó más fueron los poemas divididos en hemistiquios, son una forma interesante de organizar las palabras y los dos que se plantearon en este texto fueron de mi agrado. Se me ocurrió que se podrían emplear este tipo de poemas para crear un nuevo escrito mezclando los versos y cambiándolos de orden para que ejerciten la habilidad de crear los nexos entre éstos. En general es un libro bastante corto y por ello se facilita más su lectura, cambia la manera en la cual se plantean los contenidos referentes a la poesía haciéndola más agradable a los lectores.